No ha llegado ese día

Editorial – María Staudenmann

Por la presente, queridos lectores, comenzamos a transitar el sexto año de vida de Qu. Puede parecer un tanto sentimentaloide, pero al escribir esto se me viene a la cabeza algo dicho al pasar una calurosa tarde de febrero, durante la reunión de preproducción anual de Qu (reunión en la cual tomamos mate, cambiamos la yerba, seguimos tomando mate y pensamos, otra vez, la superestructura de la revista). En eso estaba precisamente, volviendo de la cocina con la yerba a estrenar, cuando escucho la última parte de lo que ella venía diciendo: …es como hacer otra vez el número uno. Y escucho, a continuación, la réplica de él: Es que es hacer el número uno, empezar de nuevo cada vez, y el día en que no sea así mejor dediquémonos a otra cosa. (Está claro que aquí transmito la idea general de lo que se decía, los interlocutores quizás recuerden sus palabras mejor que yo).

La cuestión es que esta mañana de fines de verano me siento frente a la computadora decidida a escribir una editorial que tenga que ver con otras cosas. Pero entonces cuento años con los dedos, como para estar segura, como para no equivocarme; concluyo: “comenzamos a transitar el sexto año”; miro para atrás y para adelante; sonrío; me cebo un amargo; barajo: “hacer el número uno”, “empezar de nuevo”, “el día en que no sea así”. Y ya tengo editorial.

Veamos: ¿qué significa hacer el número uno? No como hacer, sino hacer. Pienso, miro la yerba, está lavada, bajo las escaleras con el termo y el mate, pongo la pava sobre la hornalla, cambio la yerba, y mientras sigo pensando, sopeso palabras como tomates, ideas como sandías, y me quedo con las siguientes. Hacer el número uno significa rescatar el espíritu crítico, recuperar la capacidad de asombro, darle lugar al posible. Significa no tener miedo de tirar abajo ni pereza de construir de nuevo. Significa querer seguir probando. Significa reconocer que nada está dado, que nada es inalterable, que todo puede ponerse en movimiento, si queremos. Significa abrazar todo esto con alegría, destapar las arterias de las ganas, entender que podemos hacer lo que se nos ocurra. Hacer, y no como hacer; es la diferencia entre un ojo con pestañas postizas y las lagañas de las seis de la mañana. Es auténtico, es honesto, y está vivo.

Cada número de Qu es el número uno, claro que sí. Y el día en que no sea así mejor dediquémonos a otra cosa, porque habremos perdido el único requisito indispensable para hacer esta revista: el deseo. Nos habremos perdido como una carta de amor se confunde entre boletas y recibos, como una pelota de potrero queda atrapada entre las ramas de un árbol. Puedo imaginarnos así, más opacos, con menos pensamientos entre la lengua y los dientes, con más seriedades entre las manos que vuelan menos, con más veces la palabra obligación haciendo presión entre los omóplatos.

Pero aún no. Aún no ha llegado ese día. Lo siento fúnebre, trágico, irreal; me parece que el cielo se ha vaciado de color.

Sean bienvenidos, queridos lectores, al número uno del sexto año de vida de Qu.

Qu N° 19, abril 2017

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